Por qué la automatización en el sector público
empieza por lo pequeño.
En una entidad pública casi todo el tiempo se va en pasos previos a la decisión: comprobar que una solicitud está completa, pedir el documento que falta, pasar los datos de un formulario al expediente, contestar por tercera vez la misma pregunta, juntar cifras para el informe del pleno. Son tareas con reglas claras y volumen alto, y por eso son las primeras que compensa automatizar.
La inteligencia artificial en la administración pública no tiene que resolver expedientes. Tiene que leer, comprobar, ordenar y preparar para que quien firma lo tenga todo delante. Así se gana tiempo sin tocar la garantía del procedimiento: cada decisión sigue siendo de una persona y queda trazada.
Lo montamos sobre los sistemas que ya usa la entidad, con un alcance cerrado que pueda encajar en un contrato menor, y con la documentación que piden el responsable de seguridad y el delegado de protección de datos.