El problema
a las 23:40.
Cada mes entran cientos de facturas: por correo, por WhatsApp, en una carpeta compartida que nadie recuerda quién creó. Alguien las descarga, las renombra y las va tecleando en el programa de contabilidad. Alguna sale mal, claro. Y con las que emites pasa lo mismo al revés: hacerlas, mandarlas y luego ir detrás del cobro. Casi siempre es la misma persona, y casi siempre a última hora.